Washington, 2 de julio de 2025 — Las recientes operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han desatado una crisis sin precedentes en el sector agrícola de Estados Unidos. Productores de estados clave como California, Texas y Pensilvania reportan pérdidas millonarias y campos enteros llenos de cosechas pudriéndose, ante la repentina ausencia de hasta el 70% de su fuerza laboral.
De acuerdo con agricultores y representantes del sector citados por Newsweek, las redadas migratorias ejecutadas en las últimas semanas provocaron un éxodo masivo de trabajadores, la mayoría de ellos en situación migratoria irregular. La desbandada no solo paralizó la cosecha, sino que afectó también las etapas de procesamiento y empaque de alimentos.
“Ahora no tenemos suficientes trabajadores para ir a las industrias procesadoras y a las fábricas de carne a producir y envasar los alimentos que consumimos”, advirtió Alexandra Sossa, directora ejecutiva del Proyecto de Defensa de los Trabajadores Agrícolas y Paisajistas. Subrayó que en el país no hay suficientes personas dispuestas —ni cualificadas— para realizar trabajos manuales esenciales para la producción de alimentos.
La escasez de trabajadores ha expuesto una fragilidad estructural del sistema alimentario estadounidense: una dependencia crítica de mano de obra inmigrante, muchas veces indocumentada. Según datos citados por Newsweek, el Departamento de Agricultura estima que cerca de la mitad de los trabajadores agrícolas en EE. UU. carecen de estatus legal.
La situación se repite en distintas regiones. En el Valle del Río Grande, en Texas, algunas granjas reportaron una ausencia de hasta el 75% de su plantilla laboral. Mientras tanto, en Pensilvania, la Oficina Agrícola —que agrupa a más de 25.000 productores— alertó que esta inestabilidad amenaza la disponibilidad y el precio de los alimentos a nivel nacional.
“Nos enfrentamos a un problema: no tenemos suficientes trabajadores agrícolas para cultivar los alimentos que consumimos a diario”, reiteró Sossa.
El impacto de esta crisis ya se deja sentir en los supermercados, donde se anticipan aumentos de precios y una reducción en la variedad de productos frescos disponibles. Las asociaciones agrícolas han pedido al gobierno federal que revise sus políticas migratorias y ofrezca soluciones que garanticen la estabilidad del sistema alimentario.
Por ahora, las cosechas se pierden en el campo, las plantas procesadoras operan a medias, y el fantasma del desabastecimiento empieza a rondar una economía que aún se recupera de los efectos de la inflación y los cambios en la política comercial.